En Barcelona, con la alternancia de suelos cuaternarios del delta del Besòs y los materiales paleozoicos de Collserola, la variabilidad del subsuelo es enorme en pocos metros. Muchas veces vemos que una misma parcela combina rellenos antrópicos con margas terciarias, y ahí es donde la resistividad eléctrica marca la diferencia. El SEV nos permite mapear la geometría de estas capas sin perforar, identificando contrastes que un ensayo puntual pasaría por alto. Lo usamos para localizar el nivel freático en obras cerca del litoral, o para evaluar el riesgo de corrosión en suelos agresivos antes de diseñar cimentaciones. Antes de excavar en zonas como Sant Martí, donde los paleocauces están cubiertos por rellenos, conviene complementar con un ensayo CPT para correlacionar resistividad con resistencia mecánica en perfiles continuos.
La resistividad no es un número: es una firma eléctrica que revela la historia deposicional del suelo bajo Barcelona.



