Trabajar con la geología de Barcelona es lidiar con dos mundos. Al norte, el contacto entre los materiales paleozoicos de Collserola y los sedimentos cuaternarios del pla genera contrastes de velocidad que una sísmica de refracción estándar no siempre resuelve. En nuestra experiencia, cuando el relleno antrópico del Raval o la Barceloneta supera los 8 metros, el tendido de 24 geófonos con martillo acelerado no alcanza. Ahí entramos con fuente de peso caído y registramos tanto ondas P como ondas S para armar un modelo de velocidades real. Muchas veces complementamos este perfil con un ensayo CPT para correlacionar la resistencia en la zona no saturada, sobre todo en solares cerca del Besòs donde la capa freática fluctúa con los temporales de levante.
Un gradiente de velocidad mal interpretado en la interfase entre el cuaternario y el zócalo paleozoico puede desplazar la roca competente 4 metros en el modelo geotécnico. En Barcelona, ese error se paga en fase de excavación.



