Barcelona presenta una dicotomía geotécnica fascinante: los suelos aluviales del delta del Llobregat, con sus limos y arcillas de alta plasticidad, contrastan radicalmente con los mantos de meteorización granítica de la sierra de Collserola. Esta diferencia no es menor para quien proyecta una cimentación. En el frente litoral de 4.2 km de playas y en la Zona Franca, los sedimentos cuaternarios blandos pueden alcanzar espesores de hasta 80 metros. Antes de cualquier cálculo de capacidad portante, el ensayo CPT nos da un perfil continuo de resistencia, pero la clasificación fina requiere definir los estados de consistencia con precisión de laboratorio. Ahí es donde los límites de Atterberg se vuelven indispensables para predecir el comportamiento volumétrico del terreno ante cambios de humedad en el clima mediterráneo barcelonés, con sus lluvias torrenciales concentradas en otoño.
La plasticidad del suelo es la memoria hídrica del terreno: define cómo responderá una arcilla del Besòs cuando se moje y cuando se seque.



