Cuando el equipo técnico despliega la columna de tamices ASTM sobre la mesa vibratoria en nuestro laboratorio de Barcelona, comienza un proceso que define la viabilidad de cualquier proyecto geotécnico. El análisis granulométrico, que combina el tamizado para fracciones gruesas con el densímetro para los finos inferiores a 75 micras, es mucho más que una curva de distribución: es la radiografía del suelo que pisamos en la capital catalana. En una ciudad donde los sedimentos deltaicos del Besòs y los rellenos antrópicos del Eixample conviven con la roca de Montjuïc, la precisión en la clasificación de partículas evita problemas de drenaje, asentamientos diferenciales y fallos en la compactación. Nuestro procedimiento incluye lavado por malla 200, secado controlado y ensayo de hidrómetro con dispersante químico, generando un informe que cumple con los estándares del Eurocódigo 7 y la normativa española EHE-08. Lo más determinante en Barcelona no es solo el tamaño del grano, sino la reactividad de los finos: las arcillas expansivas del subsuelo barcelonés exigen una interpretación experta de la curva granulométrica para anticipar cambios volumétricos que comprometan la integridad de la estructura.
En suelos del delta del Llobregat, la fracción de limos y arcillas determina si una losa de cimentación trabajará a corto o largo plazo: ignorar el hidrómetro es asumir un riesgo evitable.



