Barcelona, con una altitud media de apenas 12 metros sobre el nivel del mar y enclavada entre el macizo de Collserola y el Mediterráneo, presenta un parque edificatorio donde la calidad del terreno es todo menos uniforme. Desde las gravas del Pleistoceno en el Eixample hasta los limos deltaicos en la Zona Franca, la respuesta del suelo ante una carga varía de forma notable. El ensayo Proctor, ya sea Normal o Modificado, proporciona la densidad seca máxima y la humedad óptima de compactación de un suelo, dos valores que definen la energía necesaria para estabilizar un relleno o una subbase. En una ciudad donde cada metro cuadrado cuenta, asegurar una plataforma de apoyo densa y estable evita asientos diferenciales que a largo plazo cuestan mucho más que un control de calidad oportuno.
La humedad óptima no es un número teórico: es el punto donde cada golpe del compactador entrega su máxima eficiencia sin desperdiciar energía ni agua.



