Uno de los errores más comunes en las obras de Barcelona es dimensionar un muro de contención sin haber cruzado antes el perfil geotécnico con la agresividad química del terreno. Lo vemos con frecuencia en solar de Gracia o Horta donde el proyecto ejecutivo traía una zapata teórica impecable, pero el suelo —una mezcla de arcillas del Cuaternario con rellenos antrópicos de los años sesenta— exigía un drenaje que nadie había previsto y un hormigón sulfato-resistente que no estaba en el presupuesto. Nuestro equipo técnico aborda el diseño de muros de contención partiendo de una campaña de reconocimiento que incluye calicatas en los primeros metros para identificar la transición entre el relleno urbano y el sustrato natural, porque en esta ciudad el contraste entre el Pla y la sierra de Collserola obliga a soluciones muy distintas de contención en apenas doscientos metros de distancia.
Un muro de contención en Barcelona no se diseña solo para resistir el empuje del terreno: se diseña para convivir con un régimen de lluvias mediterráneo que alterna sequía y saturación en ciclos de pocas semanas.



