Barcelona no es un solo suelo. Quien cimenta en la zona baja del Besòs se enfrenta a limos blandos y arenas sueltas que poco tienen que ver con la pizarra meteorizada que aparece en los taludes de Vallvidrera. El contraste entre el llano litoral y los cerros de Collserola obliga a medir la resistencia del terreno con precisión, y el ensayo de penetración estándar —conocido como SPT— sigue siendo la herramienta más directa para obtener un índice de golpeo fiable. En un mismo proyecto de la Zona Franca podemos pasar de un N=4 en los primeros metros a un rechazo antes de los diez, y esa variación es la que define el tipo de cimentación, la profundidad de apoyo y hasta el sistema de excavación. Complementamos el SPT con calicatas cuando el perfil es heterogéneo y hay que observar la estructura del suelo de forma directa, o con ensayos Proctor si la obra incluye rellenos controlados en plataformas industriales del Baix Llobregat.
El valor N del SPT en el delta del Llobregat puede variar de 4 a 15 en los primeros 6 metros: esa diferencia define si se apoya una zapata o se necesita un pilotaje.



